Los encuentros no son casuales

PRIMERA PARTE PRIMERA PARTE

ENCUÉNTRATE EN TU PRÓJIMO ENCUÉNTRATE EN TU PRÓJIMO

TODO AQUEL AL QUE CONOZCO ES MI MAESTRO TODO AQUEL AL QUE CONOZCO ES MI MAESTRO

He descubierto que ésta es una verdad absoluta.

Tengo algo que aprender de cada persona que conozco.

¿P uedes señalar a una sola persona que conozcas de la que no tengas nada que aprender?

En mis relaciones con los demás este punto de vista básico es liberador. ¡Tengo algo que aprender de cada

encuentro con otra persona!

Con esta actitud, cada encuentro se vuelve más apasionante, gratificante y placentero para ambos.

Haz la prueba de leer de vez en cuando, en voz baja, este pensamiento:

Tengo algo que aprender de cada encuentro con otra persona.

UN PENSAMIENTO FASCINANTE UN PENSAMIENTO FASCINANTE

Imagina que ningún encuentro es casual. ¡Imagina que todo aquel al que encuentras es enviado con un

propósito!

La primera vez que me topé con esta idea mi reacción fue de duda.

“I mposible”, pensé. “¿Quién podría concertar todos esos encuentros?”.

Pero gradualmente comencé a poner a prueba esa idea y, de una manera notable y tangible, se me volvió

más gratificante empezar a andar por la vida con ese pensamiento.

Una gran cantidad de encuentros, tanto con conocidos como con extraños, se tornaron más fascinantes para

mí. ¡A veces casi embriagadores! No puedo decir que lo pienso permanentemente, pero:

Sólo imagina que todo aquel al que encuentras es enviado con un propósito.

Comienzo a pensar y a creer que es así. La vida se hace más divertida y cobra sentido con ese pensamiento.

Si miras hacia el pasado, verás que cada persona que conociste - todas y cada una de ellas - ha contribuido

con lo suyo para que te hayas convertido exactamente en quien eres hoy. Nadie ha tenido tanta importancia

en tu vida como aquellos con los que te encontraste de distintas maneras. Sólo ellos y nadie más.

¿P or qué no intentas pensarlo? Tómalo con calma. Vive con ese pensamiento por un rato.

Sólo imagina... Todo aquel al que encuentro es enviado con un propósito.

Lee con cuidado:

Puedo aprender de los demás y voy a hacerlo.

Todos han sido enviados a mí para que practique.

` PROYECCIÓN PROYECCIÓN

En lugar de vernos a nosotros mismos, a menudo culpamos a los demás.

A esto se lo llama proyección. Proyectamos en los otros los problemas que tenemos en nuestro interior.

Transferimos nuestros propios problemas a alguien inocente y, al hacerlo, evitamos mirarnos a nosotros

mismos. Todos hemos hecho esto ante situaciones difíciles. Y todos nos hemos visto sometidos, en mayor o

menor medida, a la proyección de los adultos cuando éramos niños.

Por ejemplo, cuando un adulto se encuentra presionado por sus propios problemas, es posible que un niño

oiga lo siguiente: “¡Hoy estás insoportable!, ¡Deja de molestar!”.

Este es un ejemplo de proyección: transferir tu problema propio a alguien que es completamente inocente.

Fue así como nos trataron a muchos cuando éramos niños. Los adultos nos hacían cargar con sus propios

problemas.

De esa manera. La mayoría aprendimos cuán simple puede ser “resolver” los problemas de la vida: culpando

a otra persona por los nuestros. Este método, por supuesto, no es precisamente constructivo.

Intenta encontrar la forma de hablar francamente sobre las proyecciones con tus amigos y compañeros.

¿Q ué deberías hacer cuando te das cuanta que estás proyectando?

El primer paso, por cierto, ¡ya lo has dado!. El primer paso es ver y saber qué estás proyectando.

El próximo paso para romper con el esquema lo puedes encontrar en la página siguiente.

(Al trabajar en esta obra, en ocasiones pensé que la página siguiente era la más importante del libro.)

UN CONOCIMIENTO INTERIOR PODEROSO UN CONOCIMIENTO INTERIOR PODEROSO

La razón de mi disgusto no es la que pienso que es.

Seguramente, en ocasiones te sientes disgustado, alterado e irritado. La próxima vez que te sientas

disgustado, enojado, alterado o irritado con respecto a alguien de tu entorno, toma distancia y di para tus

adentros:

La razón de mi disgusto no es la que pienso que es.

(Concepto extraído del libro A Course in Miracles)

A veces es difícil darse cuenta de ello. Nos enseñan a pensar que son “ellos” los que hacen que nos

sintamos como nos sentimos.

En verdad no queremos vernos a nosotros mismos como cocreadores de lo que está ocurriendo -

cocreadores y responsables - porque estamos alterados, irritados y nos sentimos mal. ¡No queremos

encontrar la razón de nuestra irritación en nuestro interior! Es más fácil pensar y creer que si “ellos” fueran

distintos, todo andaría mejor. Es más fácil echarle la culpa a los demás (proyección)

Por lo tanto, haz el intento. La próxima vez que te sientas disgustado, furioso, alterado o irritado con

respecto a alguien, trata de pensar lo siguiente:

La razón de mi disgusto no es la que pienso que es.

Esta sentencia actúa como una llave. Te da la posibilidad de verte a ti mismo en lugar de culpar a los demás.

Una vez que hayas encontrado un ejemplo de esa situación - y de verdad sientas que viene al caso - , pronto

encontrarás muchos ejemplos más...

Cuando, de tanto en tanto, te des cuenta de ello, harás enormes progresos en tu desarrollo personal y te

sentirás mucho mejor.

¡E ncuentra ejemplos en tu propia vida!