CORPUS HERMETICUM

Hermes Trimegistro

Corpus Hermeticum

Discurso Sagrado de Hermes

1 Gloria de todas las cosas es el Dios, y su ser divino, y su naturaleza divina.

Principio de todos los entes es el Dios, y de ellos es inteligencia, naturaleza y materia, sabiduría que muestra lo que todas las cosas y cada una son.

Principio es lo divino, y es naturaleza, energía, necesidad, fin y renovación.

Había pues en el abismo una Tiniebla inconmensurable, y un agua y un espíritu sutil inteligente: el poder divino los mantenía en el Caos.

Emergió entonces una Luz pura que condensó a los elementos bajo la arena

extrayéndolos de la substancia húmeda, ... y todos los dioses se separaron de la naturaleza plena de semillas.

2 Cuando todas las cosas eran indefinidas y no formadas, las livianas se separaron hacia arriba, las pesadas reposaron sobre el fondo de arena húmeda, y por la acción del fuego todas y cada una de las cosas se iban definiendo, y quedaban suspendidas a fin de que el espíritu las condujera.

El Cielo se dejó ver en siete círculos, y se mostraron los dioses en forma de astros con todas sus constelaciones, y ... (la estructura?) ... quedó organizada con los dioses que había en ella; y el orbe, en su periferia, giró en redondo en el aire, conducido en su curso circular por el espíritu divino.

3 Cada dios pues realizó lo que era de su competencia, con su propio poder, y así nacieron las bestias cuadrúpedas y las que reptan, los animales del agua, las aves, y toda semilla que germina, y los tiernos brotes de todas las flores (pues contenían en sí la razón seminal del germen que renace), ... y las generaciones de los hombres, para que conozcan las obras divinas y den testimonio de la Naturaleza proveedora de energía, para que la muchedumbre humana tome conocimiento de las cosas buenas y domine sobre todas las cosas bajo el cielo, para que crezcan en crecimiento y se multipliquen en multitudes, y se obren los portentos de los que toda alma en la carne es capaz, por el curso de los dioses cíclicos ..., Para que se investigue en el cielo y por el curso de los dioses celestes las obras de los dioses, y las obras de la energía de la Naturaleza ..., a fin de que descubran las señales de los bienes, y conozcan el poder divino, y que los agitados individuos sepan lo bueno y lo malo, y descubran el hermoso arte de fabricar cosas buenas...

4 Comienza entonces para ellos el vivir y el sutilizar, según el destino que les fuera asignado por los dioses cíclicos, y el disolverse en lo que quedará, después de dejar en la tierra grandes obras en recuerdo de su industria.

Obras que se consumen, sí, con el fluir del tiempo, como todo ser de carne animada y de semilla que da fruto y como toda obra de arte; ... pero lo que decrece se renovará, porque los dioses imponen la Necesidad del Renacer, y por causa del retorno cíclico de la Naturaleza, que está regido por un número.

Porque lo divino es el conjunto cósmico total renovado por la Naturaleza: porque la misma Naturaleza reposa en lo divino.

Corpus Hermeticum

De Hermes a Tat: el mar, la unidad

1 - Dado que el Creador hizo el mundo todo, no con las manos sino por palabra, así pues piénsalo presente y siempre existente, hacedor de todas las cosas, Uno Unico, como habiendo por propia voluntad creado los seres.

Porque de verdad son ellos su Cuerpo, intangible, invisible, inconmensurable, más allá de la dimensión, incomparable con cualquier otro cuerpo; porque no es fuego, ni agua, ni aire, ni espíritu, sino todas las cosas a partir de él.

Ahora pues, siendo bueno, no sólo para sí quiso ofrecerse este cuerpo y embellecer la tierra,

2 antes bien envió aquí abajo al Hombre como ornamento de este cuerpo divino: ser vivo mortal ornamento del ser vivo inmortal.

Y si bien el Universo aventaja a los seres vivos en que vive eternamente, el Hombre a su vez le aventaja por la razón y por la inteligencia. Contemplador de la obra del Dios vino a ser pues el hombre, y se admiró, y aprendió a conocer al creador.

3 De la razón ¡oh Tat! el Dios hizo partícipes a todos los hombres, pero no así de la inteligencia: y no lo ha hecho porque cele del hombre, pues los celos no vienen de lo alto, nacen aquí abajo en las almas de los hombres que no tienen inteligencia.

- ¿Y porqué, pues, ¡oh Padre!, el Dios no ha dado a todos la inteligencia?

- Porque, hijito mío, quiso ponerla ante las almas como premio del combate.

- ¿Y dónde la puso?

- Envió a la tierra un mar enorme de inteligencia, apostó un heraldo y le mandó proclamar al corazón de los hombres lo siguiente: "¡Báñate en este mar de la inteligencia tú que eres capaz, tú que crees que retornarás al que lo envió, tú que sabes para qué has nacido!"

Por consiguiente, todos cuantos aceptaron el mensaje y se bañaron en la inteligencia, todos se hicieron particípes del conocimiento y llegaron a hombres perfectos, acogedores de la inteligencia.En cambio todos los que se negaron al mensaje, estos tales son los "racionales", los que no se procuraron la inteligencia, los que ignoran porqué nacieron y de quién provienen.

5 Los sensaciones de estos hombres son semejantes a los de los animales irracionales, y como su temperamento es pasión y cólera, son incapaces de admirar las cosas dignas de ver, antes se dedican a los placeres y a los apetitos corporales, y piensan que para eso han nacido los hombres.

Por el contrario, los que se hicieron partícipes del don del Dios, ¡oh Tat!, éstos, por comparación de conductas, son inmortales en oposición a aquellos, mortales: abarcan en su propia inteligencia todas las cosas, las que están en la tierra, las que están en el cielo, y lo que se puede encontrar más allá del cielo.

Tanto se han elevado a sí mismos que vieron el Bien, y viéndolo consideraron la vida de aquí abajo como un simple pasatiempo, y, menospreciando todas las cosas corporales e incorporales, se apresuran hacia el Uno y Unico.

6 Esta es, ¡oh Tat! toda la ciencia de la inteligencia, abundancia de cosas divinas y comprensión del Dios, pues el mar del que hablamos es divino. - ¡oh Padre! yo también quiero bañarme en él!

- Pero si primero no odias al cuerpo, ¡oh hijito!, no te puedes bienamar: amándote tendrás la inteligencia, y poseyéndola participarás también de la ciencia.

- Pero Padre, ¿qué dices?

- Que es imposible, hijito, adherirse a ambas cosas, a las mortales y a las divinas: porque como hay dos clases de seres, unos corpóreos y otros incorpóreos, en los que reside lo perecedero y lo divino, al que quiera elegir no le queda sino optar por uno u otro, porque es imposible hacerlo por los dos, y no quedando sino que elegir, el desechar del uno manifiesta la energía del otro.

7 Ahora bién, el hecho de elegir lo mejor no sólo deifica al hombre que ha optado por la hermosura sino que además testifica de su religiosidad.

En cambio al escoger lo peor, el hombre se autodestruye, y aunque no sea en sí un falta contra el Dios, hay una cosa cierta y es que, dejándose arrastrar por la sensualidad física, se pasea por el mundo a como esos agrupaciones que avanzan en medio de las manifestaciones, y que sin hacer nada útil no dejan de molestar a los demás.

8 Estando las cosas así, ¡oh Tat!, hemos gozado y siempre gozaremos de las cosas que vienen del Dios; pero de las cosas que resultan de nosotros que tengan sus consecuencias: la causa de nuestros males no es el Dios sino nosotros mismos, porque las preferimos a los bienes. .

 

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