La Agenda de Gran Canaria










   

Guia para el conocimiento de sí mismo

también la razón porque evocan experiencias o sentimientos que no tienen relación alguna con las cosas materiales.

Al principio de su clarividencia al discípulo le será difícil independizarse de las imágenes. Sin embargo, cuando su facultad se desenvuelva más, sentirá el deseo de inventar medios de comunicación más arbitrarios para describir lo que haya visto, y

esto implicará la necesidad de explicar los signos que emplee. Cuanto mayores sean las exigencias de nuestros días demandando la difusión general del conocimiento suprasensible, tanto mayor será la necesidad de aderezar ese conocimiento con expresiones de uso corriente en la vida diaria del mundo físico.

Ahora bien, las experiencias suprasensibles pueden venir al discípulo por sí solas, y entonces tendrá la oportunidad de aprender algo respecto al mundo suprasensible por experiencia personal, según sea más o menos frecuentemente favorecido por ese mundo, al brillar en la vida ordinaria de su alma. Una facultad de orden superior es la de poder

obtener percepciones clarividentes a voluntad. El camino hacia el desarrollo de esta facultad es el resultado, ordinariamente, de una continuación enérgica del fortalecimiento interior del alma, pero mucho depende también de establecer cierta nota-clave en el alma. Es necesaria una actitud mental tranquila y calma cuando se afronta el mundo suprasensible -una actitud que está tan lejos por un lado del ardiente deseo de experimentar lo más posible en la forma más clara, como lo está por otra parte de una total falta de interés por ese mundo.

El deseo ardiente tiene un efecto difusivo, que produce algo así como una neblina invisible ante la vista clarividente, en tanto que la falta de interés actúa en tal forma que aunque los hechos suprasensibles se manifiesten realmente, no son notados. Esta falta de interés se muestra de vez en cuando en una forma peculiar. Hay personas que

honradamente desean tener alguna experiencia suprasensible, pero se hacen a priori una idea definida acerca de lo que esas experiencias deben ser, para aceptarlas como reales. Entonces, cuando la verdadera experiencia llega, pasan fugitivas sin despertar el menor interés, simplemente porque no eran tales como se las habían imaginado.

En el caso de la clarividencia voluntaria, llega un momento en el curso de la actividad anímica interior, en que sabemos que estamos experimentando algo que jamás habíamos experimentado antes.

Esta experiencia no es definida, pero un sentimiento vago y general nos asegura que no estamos confrontando el mundo exterior de los sentidos, ni tampoco dentro de él, ni siquiera dentro de nosotros mismos, como en la vida ordinaria del alma.

La experiencia exterior y la interior se funden en una, en un sentimiento de vida antes desconocido para el alma, respecto al cual, sin embargo, el alma sabe que no podría sentirlo si estuviera viviendo solamente en el mundo externo por medio de los sentidos o por sus sentimientos y recuerdos ordinarios. Sentimos. además, que durante este estado del alma, hay algo de un mundo antes desconocido que la penetra. No podemos, sin embargo, llegar a un concepto de este algo desconocido. Tenemos la experiencia, pero no podemos formarnos idea de ella.

Así encontramos que cuando tenemos tal experiencia, se produce un sentimiento como si hubiera algún obstáculo en nuestros cuerpos físicos que nos impidiera formarnos un concepto de qué es lo que está penetrando en nuestra alma. Sin embargo, si continuamos los esfuerzos interiores anímicos, sentiremos al cabo de cierto tiempo que nos hemos sobrepuestos a nuestra resistencia corporal. El aparato físico del intelecto sólo era antes capaz de formarse ideas en relación con las experiencias del mundo sensorial. Es, al principio, incapaz de producir como idea aquello que presiona por manifestarse surgiendo del mundo suprasensible. Por lo tanto, debe ser preparado para que pueda hacerlo. En la misma forma en que un niño está rodeado por el mundo exterior, y tiene que preparar su aparato intelectual, mediante la experiencia en ese mundo, antes de que pueda formar ideas de lo que lo rodea, así también la humanidad en general, es incapaz de formar ideas sobre el mundo suprasensible. El clarividente que desea progresar, prepara su propio aparato para formar ideas de manera que pueda trabajar en un nivel superior, exactamente en la misma forma en que el niño se prepara para trabajar en el mundo de los sentidos. Hace que sus pensamientos fortalecidos trabajen sobre este aparato, y como natural consecuencia, éste es poco a poco

remodelado; se hace capaz de incluir el mundo suprasensible en el reino de sus ideas.

Así vemos, pues, cómo mediante la actividad anímica, podemos influir y remodelar nuestro propio cuerpo. Al principio, el cuerpo obra como un poderoso contrapeso a la vida del alma; lo sentimos como un cuerpo extraño dentro de nosotros.

Pero poco a poco notamos cómo se va adaptando más y más a las experiencias del alma, hasta que, finalmente, no lo sentimos absolutamente, sino que nos encontramos con que el mundo suprasensible está ante nosotros, en la misma forma en que no sentimos la existencia del ojo con la que estamos mirando el mundo de los colores. El cuerpo, por

lo tanto, debe hacerse imperceptible, antes de que el alma pueda contemplar el mundo suprasensible.

Cuando en esta forma hemos logrado deliberadamente convertirnos en clarividentes, podremos, por regla general, reproducir ese estado a voluntad si nos concentramos en algún pensamiento que seamos capaces de experimentar en forma particularmente

poderosa, dentro de nosotros mismos. Y como resultado de entregarnos de esa manera a un pensamiento dado, se presenta la clarividencia. Al principio no podemos ver nada definido que deseemos ver especialmente. Cosas o acontecimientos suprasensibles, para las que no estamos preparados en ninguna forma, o que deseamos evocar, se introducirán en la vida del alma. Pero, sin embargo, continuando nuestros esfuerzos interiores, llegaremos también a adquirir la facultad de dirigir el ojo espiritual hacia aquellas cosas que deseamos investigar.

Cuando hemos olvidado una experiencia, tratamos de traerla a nuestra memoria evocando en la mente algo relacionado con esa experiencia; y en la misma forma, como clarividentes, podemos tratar de comenzar por una experiencia que razonablemente está ligada con lo que queremos encontrar. Al entregarnos con intensidad a la experiencia conocida, encontraremos, tarde o temprano, esa experiencia que estábamos buscando. Sin embargo, en general, es digno de notarse que es de la mayor importancia para el clarividente esperar tranquilamente el momento propicio. No deberíamos desear atraer nada. Si la experiencia deseada no llega, es mejor abandonar la investigación por un tiempo y tratar de conseguir una oportunidad en otro momento. El aparato humano de la cognición necesita desarrollarse tranquilamente hasta el nivel de ciertas experiencias. Si no tenemos la paciencia de esperar ese desenvolvimiento, haremos observaciones

incorrectas o erróneas.

CUARTA MEDITACION

En la que se intenta formarse un concepto del Guardián del Umbral.

Una vez que el alma ha logrado la facultad de hacer observaciones. mientras está fuera del cuerpo físico, pueden presentarse ciertas dificultades con respecto a su vida emocional. Puede verse obligada a asumir una actitud diferente hacia si misma, de

la que estaba antes acostumbrada. El alma estaba habituada a considerar el mundo físico como exterior a sí misma, en tanto que consideraba toda experiencia interna como su posesión particular. Sin embargo, tratándose del mundo suprasensible, no puede asumir respecto a éste la misma actitud que hacia el mundo externo. Tan pronto como el alma percibe el mundo suprasensible en torno de sí, debe sumergirse en él hasta cierto punto; no puede considerarse a si misma como separada de lo que la rodea, como le pasaría en el mundo externo. y debido a este hecho. todo lo que podría llamarse nuestro propio mundo interno. en relación con el mundo suprasensible, asume un cierto carácter que no es fácilmente reconciliable con la idea de la intimidad privada. No podemos decir ya más, "Yo pienso", "yo siento" o "yo tengo mis pensamientos y les doy la forma que me agrada". En cambio debemos decir: " Algo piensa en mí, algo hace surgir emociones en mí, algo forma pensamientos en mí y los obliga a venir en una forma absolutamente definida, haciendo sentir su presencia en mi conciencia".

Ahora bien, este sentí miento puede contener algo extraordinariamente deprimente, cuando la forma en que se presentan las experiencias suprasensibles es tal como para darnos la certeza de que estamos realmente experimentando una realidad y no

perdiéndonos en fantasías o ilusiones imaginarias.

Tal como es, parecería indicar que el mundo suprasensible que nos rodea quisiera sentir y pensar por sí mismo, pero que se ve obstaculizado en la realización de sus intenciones. Al mismo tiempo tenemos la sensación de que aquello que quiere entrar en el alma es la verdadera realidad y la única que puede dar una explicación de todo lo que antes habíamos experimentado como real. Este sentimiento también da la impresión de que la realidad suprasensible se muestra como algo cuyo valor trasciende infinitamente la realidad antes conocida por el alma. Este sentimiento es, por lo tanto, deprimente, porque nos obliga a sentir que nos vamos a ver forzados a querer el próximo paso que hay que dar.

Este descansa en la verdadera naturaleza de lo que, debido a esa experiencia interior, nos hace dar este paso. Si no lo damos, sentiremos esto como una negación de nuestro propio ser o como una auto-aniquilación. Y, no obstante, podemos a la vez sentir que no podemos darlo, o que, si lo intentamos, quedará imperfecto.

Todo ello se desarrolla en la idea siguiente: Tal como el alma ahora es, se encuentra con una tarea ante ella, que no puede dominar, porque tal como es ahora, se ve rechazada por el mundo suprasensible que la rodea, porque el mundo suprasensible no la quiere tener en su reino, y así es cómo llega el alma a sentirse en contradicción con el mundo

suprasensible: y tiene que decirse a sí misma: "Yo no soy tal como para hacer posible para mí el mezclarme con ese mundo, y, sin embargo, solo allí puedo conocer la verdadera realidad de mí relación con él; porque yo me he separado, yo misma, del

reconocimiento de la Verdad. " Este sentimiento implica una experiencia que nos hará más y más claro y decisivo el exacto valor de nuestra propia alma. Sentimos que tanto nosotros como toda nuestra vida están basados en un error. Y, sin embargo, este error es diferente de otros errores. Los otros son pensados, pero éste es una experiencia viviente. Un error que sólo es un error de pensamiento, puede ser corregido cuando el pensamiento erróneo es substituido por el correcto. Pero el error que ha sido experimentado se ha convertido en parte de la vida de nuestra alma misma; nosotros mismos somos el error; no podemos corregirlo sencillamente, porque, pensemos como pensemos, allí está, es parte de la realidad, y ésta, también es nuestra propia realidad. Esta experiencia es completamente aplastadora para el yo. Sentimos nuestro ser más íntimo, penosamente rechazado por todo lo que deseamos. Este sufrimiento, que se siente en cierto estadio de la jornada del alma, está mucho más allá de todo lo que como dolor pueda ser sentido en el mundo físico, y por lo tanto puede exceder a todo cuanto hayamos sido capaces de dominar en la vida de nuestra alma. Puede tener el efecto de paralizarnos. El alma se encuentra ante el tremendo problema: ¿de dónde sacaré la fuerza necesaria para arrastrar la carga arrojada sobre mí?

Y el alma debe encontrar esa fortaleza dentro de su propia vida. Consiste en algo que podría ser caracterizado como valor interior, como audacia interna.

Con objeto de poder seguir adelante en la jornada del alma, debemos habernos desarrollado hasta tal punto, que la fuerza que nos permita trazar nuestras experiencias surja dentro de nosotros y produzca ese valor y audacia interior, en un grado tal como jamás fue necesario para la vida en el cuerpo físico. Esa fortaleza sólo puede producirla

el verdadero conocimiento de sí mismo, y en realidad, solamente al llegar a este estado de desenvolvimiento, es cuando comprendemos qué poco sabíamos realmente acerca de nosotros mismos. Nos hemos entregado a nuestras experiencias interiores sin observarlas, como uno observa una parte del mundo exterior. Los pasos que hemos dado para llegar a la facultad de experimentar extrafísicamente, nos permiten obtener un medio especial de conocernos a nosotros mismos. Aprendemos en cierto sentido a contemplarnos desde un punto de vista que sólo puede encontrarse fuera del cuerpo físico, y el sentimiento de depresión antes mencionado, constituye por si mismo el principio del verdadero conocimiento de sí mismo. Comprender que uno mismo está en relaciones erróneas con el mundo exterior es un signo de que uno está comenzando a realizar la verdadera naturaleza de su propia alma.

Está en la naturaleza del alma humana el sentir esa iluminación acerca de sí misma como algo doloroso, y sólo cuando sufrimos este dolor, es cuando nos damos cuenta de cuán fuerte es el deseo natural que experimentamos de sentirnos nosotros mismos tal como somos: ser seres humanos de importancia y valor. Puede parecer feo que esto sea

así; pero debemos afrontar esta fealdad de nuestro propio ser sin prejuicios. No lo habíamos notado antes, sencillamente porque no habíamos penetrado bastante profundamente, con plena conciencia, dentro de nuestro propio ser. y sólo cuando lo hacemos es cuando percibimos cuán profundamente amamos aquello en nosotros que nos vemos obligados a calificar como feo. El poder del amor propio se muestra entonces en toda su enormidad.

Y al mismo tiempo descubrimos cuán poco inclinados nos encontramos a dejar a un lado ese amor propio, y aunque sólo se trate de esas cualidades anímicas relacionadas con nuestra vida ordinaria y los demás, las dificultades son todavía bastante grandes. Entonces aprendemos, por ejemplo, mediante el verdadero conocimiento de nosotros mismos, que aunque antes creíamos que sólo teníamos buenos sentimientos para alguno, sin embargo, en las profundidades de nuestra alma estamos alimentando odios o envidias hacia esa persona, y entonces comprendemos que estos sentimientos que hasta ahora no han surgido a la superficie, algún día tratarán de manifestarse, y también entonces comprenderemos cuán superficial sería decirse a sí mismo: “Ahora que ves las cosas tales y como son, desarraiga esa envidia y ese odio”. Porque descubrimos que armados solamente con este pensamiento nos sentiremos extraordinariamente débiles cuando llegue el día en que surja el deseo de expresar nuestra envidia o de satisfacer nuestro odio con todo su poder elemental. Estas diferentes clases de autoconocimiento se manifiestan en las diferentes personas de acuerdo con la constitución especial de sus

almas. Aparece cuando comienza la experiencia fuera del cuerpo, porque entonces nuestro conocimiento de nosotros mismos se convierte en verdadero, y ya no está teñido por nuestro deseo de modelarnos en talo cual forma, como quisiéramos ser.

Este especial conocimiento de sí es doloroso y deprimente para el alma, pero si queremos lograr la facultad de experimentar fuera del cuerpo, no puede ser evitado, porque necesariamente lo evoca la posición especial que tenemos que adoptar con respecto a nuestra propia alma. Se requieren los más fuertes poderes del alma, aunque sólo fuera cuestión de un ser humano ordinario que estuviera tratando de conocerse a sí mismo en una manera general. Nos estamos observando desde el punto de vista fuera del de nuestra vida interna anterior. Tenemos que decirnos: "Yo he contemplado y juzgado las cosas y ocurrencias del mundo, de acuerdo con mi naturaleza humana. Ahora debo tratar de imaginarme que no puedo contemplarlas y juzgarlas de esa manera. Pero entonces ya no seré lo que soy. Seré nada sencillamente", y no sería solamente el hombre que en el torbellino de la vida diaria, que rara vez piensa acerca del mundo o de la vida, el que a sí mismo tendría que dirigirse en esta forma.

Cualquier hombre de ciencia o filósofo, tendría que hacerlo así también. Porque hasta la filosofía no es más que observaciones y juicios acerca del mundo, de acuerdo con las cualidades individuales y las condiciones de la vida humana. Ahora bien, estos juicios no pueden mezclarse con la existencia o las cosas suprasensibles. Es rechazado por ellas, y con ello es rechazado todo lo que hemos tenido hasta ese momento. Tenemos que mirar para atrás, sobre toda nuestra alma, sobre nuestro ego mismo, como algo que debe dejarse a un lado cuando queremos entrar en el mundo suprasensible. El alma,

sin embargo, no puede dejar de considerar a este ego como su ser real hasta que entra en los reinos suprasensibles. El alma debe considerarlo como el verdadero ser humano, y debe decirse a sí misma: "Mediante este, mi ego, debo formarme ideas del mundo; no debo perder este ego mío si no quiero desaparecer yo misma como ser". Existe en el alma una fuerte tendencia a preservar y resguardar al ego en todo sentido, para no perder pie absolutamente. Lo que así siente el alma como absolutamente necesario en la vida ordinaria, debe ser abandonado cuando entra en el reino suprasensible. Tiene que cruzar allí un umbral, donde debe abandonar tras suyo no solamente esta o aquella otra preciosa posesión, sino el ser mismo que antes creía que era. El alma debe ser capaz de decirse a sí misma: “Eso que hasta ahora me pareció mi más segura verdad, debo ahora, en el otro lado del umbral del mundo suprasensible, considerarlo como mi más profundo error."

Ante semejante demanda, el alma puede muy bien retroceder. El sentimiento puede ser tan fuerte que los pasos necesarios pueden parecer como un abandono de su propio ser, como un reconocimiento de su propia nada, de manera que admita, más o menos completamente en el umbral, su propia impotencia para satisfacer las demandas puestas ante ella. Este reconocimiento puede tomar todas las formas posibles. Puede aparecer meramente como un instinto, y creer el discípulo que piensa y obra de acuerdo con él, algo completamente diferente de lo que realmente es. Puede, por ejemplo, sentir un

gran disgusto por todas las verdades suprasensibles.

Puede considerarlas como sueños o fantasías imaginarias. y lo hará así porque en esas profundidades de su alma, que ignora, existe un terror secreto por esas verdades. Sentirá que sólo puede vivir con lo que sus sentidos y sus juicios intelectuales pueden admitir, Entonces evitará de llegar al umbral del mundo suprasensible, y disimulará su actitud diciendo: “Eso que se supone está más allá del umbral no es admisible ni por la ciencia ni por la razón”. El hecho, sin embargo, es que él ama la razón y la ciencia tal como las conoce. porque están entretejidas con su ego, Esta es una forma muy frecuente de amor propio y como tal, no puede ser llevada al mundo suprasensible.

También puede suceder que no solamente se produzca este alto instintivo ante el umbral. El discípulo puede proceder conscientemente hacia el umbral y luego dar vuelta en redondo, porque teme lo que está ante él. Pero entonces no podrá borrar tan fácilmente de la vida ordinaria de su alma el efecto de haberse así aproximado a él, y ese efecto será que una gran debilidad se difundirá sobre toda la vida de su alma.

Lo que debería suceder es simplemente esto que el discípulo al entrar en el mundo suprasensible se capacite para renunciar a eso que en su vida ordinaria considera como la más profunda verdad, y se adapte a un modo diferente de sentir y juzgar las cosas. Pero al mismo tiempo debe tener presente que cuando nuevamente confronte el mundo

físico, debe emplear la manera de sentir y de juzgar que son apropiadas al mundo físico. Debe no sólo aprender a vivir en dos mundos diferentes, sino también a vivir en cada uno de ellos de manera completamente diferente, y no debe permitir que su sano juicio, que necesita en la vida ordinaria del mundo de la razón y de los sentidos, sea oprimido por el hecho de verse obligado a emplear otra clase de discernimiento cuando se encuentra en el otro mundo.

Adoptar esta actitud es difícil para la naturaleza humana. y la capacidad de hacerlo se adquiere solamente mediante un fortalecimiento continuado y persistente, así como de una gran paciencia, en la vida psíquica. Todos los que pasan por la experiencia del umbral, comprenden que es una ventaja en la vida ordinaria no haber llegado tan lejos. Los sentimientos que se despiertan son tales que uno no puede sino pensar que esta ventaja o protección procede de alguna entidad poderosa que protege al hombre del peligro de pasar por el terror de la aniquilación de sí mismo en el umbral.

Tras el mundo externo de la vida ordinaria, hay otro. Ante el umbral de este mundo, un guardián severo está vigilando, impidiendo al hombre conocer lo que son las leyes del mundo suprasensible. Porque todas las dudas y todas las incertidumbres concernientes a ese mundo son, después de todo, mucho más llevaderas que la visión de lo que uno debe dejar tras suyo cuando quiere cruzar el umbral.

El discípulo es protegido contra esta experiencia, mientras no avance hasta el umbral mismo. El hecho de que reciba descripciones de las experiencias que hayan tenido los que ya cruzaron este umbral, no cambia en nada el hecho de que está protegido. Por el contrario, esas comunicaciones pueden prestarle buenos servicios cuando se esté aproximando al umbral. En este caso, como en muchos otros, una cosa se hace mejor si uno ya tiene una idea de ella anticipadamente. Pero por lo que toca al conocimiento de sí mismo que debe lograr el viajero en el mundo suprasensible, en nada es afectado por ese conocimiento preliminar. No está por lo tanto en armonía con los hechos, el clarividente o aquel que está familiarizado por la clarividencia, que dice que estas cosas no deberían ser mencionadas absolutamente a las personas que no estén a punto de resolverse a entrar en el mundo suprasensible. Estamos viviendo en una época en que el hombre debe familiarizarse más y más con la naturaleza del mundo suprasensible, si es

que la vida de su alma debe igualar a las demandas que la vida ordinaria tiene sobre él. La difusión del conocimiento suprasensible, incluyendo el conocimiento del guardián del umbral, es una de las tareas del momento y del futuro inmediato.

QUINTA MEDITACION

En la que se intenta formarse una Idea del Cuerpo Astral.

Cuando experimentamos, por medio de nuestro cuerpo elemental, un mundo suprasensible que nos rodea, nos sentimos menos separados de ese mundo, que lo que nos sentimos del mundo físico cuando estamos en nuestro cuerpo físico. y, sin embargo,

guardamos una relación con este mundo suprasensible, que podemos expresar diciendo que hemos atraído hacia nosotros ciertas substancias del mundo elemental, en forma de cuerpo elemental, así como en el mundo físico llevamos parte de sus fuerzas materiales bajo la forma de nuestro cuerpo físico. Vemos que sucede así cuando tratamos de

abrirnos camino en el mundo suprasensible, estando fuera del cuerpo físico. Puede suceder que tengamos ante nosotros un hecho o un ser del mundo suprasensible. Puede estar allí, y podemos verlo, pero no sabemos lo qué es. Si somos bastante fuertes, podemos arrojarlo afuera, pero sólo retrayéndonos nosotros mismos al mundo de los sentidos, mediante enérgica concentración en las experiencias de ese mundo. Sin embargo, no podemos quedarnos en el mundo suprasensible y comparar con otros seres o hechos el ser o hecho percibido. y no obstante, sólo así es como podríamos formarnos una idea correcta de lo que vemos.

En esta forma, nuestra "vista" en el mundo suprasensible puede estar limitada a la percepción de cosas individuales, sin la facultad de moverse libremente de una cosa a la otra. Entonces nos sentimos como aprisionados por esa cosa individual.

Veamos la razón de esta limitación. Esta sólo podrá ser encontrada, cuando mediante un ulterior desenvolvimiento, la vida anímica interna se haya fortalecido aún más, y lleguemos al punto en que ya no encontramos más esta limitación, y entonces descubriremos que la razón por la que no podíamos movernos de una cosa a otra, se encontraba en nuestra propia alma. Comprendemos que la vista en el mundo suprasensible difiere en esta forma de la percepción en el mundo de los sentidos. Uno puede, por ejemplo, ver en el mundo físico todas las cosas visibles si tiene ojos en buenas condiciones. Si uno ve una cosa, también puede, con los mismos ojos. ver todas las demás cosas. Pero no sucede así en el mundo suprasensible.

Uno puede tener los órganos de percepción suprasensible desarrollados en tal forma que sólo puede experimentar este o aquel hecho, pero si hemos de percibir otro hecho, el órgano perceptor debe ser desarrollado especialmente con este objeto. Este desenvolvimiento le da a uno la sensación de que un órgano se ha despertado a una región particular del mundo suprasensible. Uno siente como si el cuerpo elemental estuviera como dormido con respecto al mundo suprasensible y como si tuviera que ser despertado con respecto a cada cosa en particular. En realidad es posible hablar de estar dormido o despierto en el mundo elemental, pero estos no son estados alternados como el mundo físico. Son estados que existen en el hombre simultáneamente.

Mientras no hemos logrado la facultad de percibir mediante nuestro cuerpo elemental, ese cuerpo, está dormido. Siempre llevamos este cuerpo con nosotros, pero es un cuerpo dormido. Con el fortalecimiento de nuestra vida anímica, comienza el despertar, pero al principio, de sólo una parte del cuerpo elemental. Cuanto más se despierta nuestro

ser elemental, tanto más profundamente penetramos en el mundo elemental.

En el mundo elemental no hay nada que pueda ayudar al alma a producir este despertamiento. Por mucho que le sea dable contemplar, la percepción de una cosa no agrega nada a la posibilidad de percibir otra. La libertad de movimientos en el mundo suprasensible no puede lograrse con el auxilio de nada que se encuentre en el mundo elemental.

Cuando continuamos los ejercicios para fortalecer el alma, vamos adquiriendo más y más poder para movernos en regiones particulares. Y con todo esto, nuestra atención se va viendo atraída hacia algo en nosotros que no pertenece al mundo elemental, sino que descubrimos en nosotros mediante nuestra experiencia en ese mundo. Nos sentimos

como seres particulares en el mundo suprasensible, que parecen ser los dueños y señores de sus cuerpos elementales; y que gradualmente están despertando estos cuerpos a la conciencia suprasensible.

Cuando hemos llegado hasta aquí. un sentimiento de intensa soledad sobrecoge al alma. Nos encontramos en un mundo que es elemental en todas direcciones; nos vemos a nosotros mismos dentro de un espacio elemental infinito, como seres que no pueden encontrar en parte alguna a su semejante.

No queremos decir con esto que todo desenvolvimiento de la clarividencia deba llevar a esta tremenda soledad. pero todo aquel que conscientemente y mediante sus propios esfuerzos, fortalezca así su alma, se encontrará con ella. Y si sigue a algún maestro que le va dando indicaciones, paso a paso, con objeto de facilitar su desenvolvimiento, se encontrará un día. quizás tarde, con que su maestro lo ha abandonado a sí mismo. Se encontrará con que lo ha abandonado en plena soledad en el mundo elemental. Sólo después comprenderá que aquél se vio obligado a abandonarlo a sí mismo, cuando

llegó la oportunidad de que sólo en sí mismo confiara .

En este estadía de la jornada del alma, el discípulo se siente como un desterrado en el mundo elemental. Pero ahora puede seguir adelante si ha despertado en sí suficiente fortaleza, mediante su ejercitamiento interior. Puede comenzar a ver cómo emerge un nuevo mundo -no en el mundo elemental sino en sí mismo- un mundo que no está identificado ni con el mundo físico ni con el elemental. El discípulo en tal caso ve que un segundo mundo suprasensible se agrega al primero. Este segundo mundo suprasensible es al principio completamente un mundo interior. El discípulo tiene la

sensación de que lo lleva consigo y de que está sólo con él. Para comparar este estado con algo del mundo de los sentidos, tomemos el siguiente caso. Uno ha perdido todos sus seres queridos, y ahora solo tiene consigo el recuerdo de ellos en su alma. Ellos

viven para él solamente como pensamientos. El discípulo se encuentra frente a este segundo mundo suprasensible en tal forma como si lo llevara dentro de sí, pero sabe que se lo tiene separado de su realidad. No obstante, siente que esta realidad dentro de su alma, sea la que fuere, es algo mucho más real que un simple recuerdo del mundo de los sentidos. Este mundo suprasensible vive una vida independiente dentro de su propia alma. Todo lo que se encuentra está ansiando salirse del alma y llegar a algo diferente. Así siente uno como un mundo dentro de sí mismo. pero un mundo que no quiere permanecer allí. Esto da la sensación de ser partido en pedazos por cada uno de los detalles de ese mundo. Y se llega a un punto en que estos detalles se liberan, en que rompen algo así como una costra psíquica y se escapan. Y entonces uno se siente tanto más pobre por todo lo que en esta forma se ha escapado del alma.

Entonces aprende uno que esa parte de la realidad suprasensible que está en el alma, y que uno es capaz de amar por sí misma y no simplemente porque se encuentra realmente en el alma, se comporta de una manera particular. Lo que uno puede amar así profundamente no se escapa del alma, no fuerza su camino fuera del alma. ciertamente, sino que se lleva al alma consigo. Y se la lleva a esa región donde vive en su verdadera realidad. Una especie de unión con la esencia real tiene lugar entonces, pues antes, uno sólo llevaba algo así como un reflejo de esa esencia real en el interior. El amor mencionado aquí, debe ser,. sin embargo, de la clase que se experimenta en el mundo suprasensible.

En el mundo de los sentidos uno sólo puede prepararse para ese amor. Y esta preparación tiene lugar cuando uno fortifica su capacidad para amar en el mundo de los sentidos. Cuanto mayor es el amor de que uno es capaz en el mundo físico, tanto mayor capacidad subsiste para el mundo suprasensible.

Con respecto a las entidades individuales del mundo suprasensible. este obra como sigue. Por ejemplo, uno no puede ponerse en contacto con los seres suprasensibles reales que están en relación con las plantas del mundo físico. si uno no ama las plantas en el mundo de los sentidos, y así sucesivamente. Sin embargo, puede cometerse un error con respecto a estas cosas. Puede suceder que alguien en el mundo físico mire el reino vegetal con completa indiferencia y que, no obstante, haya una afinidad inconsciente con ese reino, oculta en el alma. Y luego, cuando se entre en el mundo suprasensible, puede despertarse ese amor.

Pero la unión con seres del mundo suprasensible, no depende solamente del amor. Otros sentimientos, tales como, por ejemplo, el respeto y la reverencia que el alma pueda

 

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